Riamos.
Que los malos sabores se estrellen contra dientes blancos,
pulidos a fuerza de sonrisas
sinceras.
Que cada día de nuestra calendario
tenga en agenda media hora de risas compartidas
y otras tantas en soledad.
Porque la risa nos da la fuerza,
que no nos da el silencio
para continuar.
Resistamos.
De alguna manera hay que resistir.
Reir
ante un mundo que ha empeñado la paz
es, quizá,
la única forma cuerda de resistencia.
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